sábado, 20 julio, 2019

El yacimiento neandertal de Roca San Miguel, en la localidad ribagorzana de Arén (Huesca), ha comenzado una nueva campaña de excavaciones arqueológicas, que, como en años anteriores, dirigen por los investigadores del Campus oscense de la Universidad de Zaragoza Lourdes Montes y Rafael Domingo. Arqueólogos y estudiantes de la UZ, junto a los de las universidades de Salamanca y Estatal de Novosibirsk (Rusia) participarán, hasta el viernes 26 de julio, en los trabajos que se realizarán en este campamento prehistórico.

El yacimiento neandertal de Roca San Miguel, en la localidad ribagorzana de Arén (Huesca), ha comenzado una nueva campaña de excavaciones arqueológicas, que, como en años anteriores, dirigen por los investigadores del Campus oscense de la Universidad de Zaragoza Lourdes Montes y Rafael Domingo. Arqueólogos y estudiantes de la UZ, junto a los de las universidades de Salamanca y Estatal de Novosibirsk (Rusia) participarán, hasta el viernes 26 de julio, en los trabajos que se realizarán en este campamento prehistórico.

Un yacimiento que, por su ubicación estratégica, permitía a sus ocupantes -hace más de 100.000 años- controlar el paso por el valle del Noguera Ribagorzana de la fauna de la que se alimentaban. Esta es la quinta campaña arqueológica que se realiza en este yacimiento -uno de los pocos al aire libre en los que se ha conservado bien la secuencia estratigráfica- desde que en 2013 se realizasen las primeras catas para valorar su potencial arqueológico y su grado de conservación.

Desde entonces el grupo de investigación Primeros Pobladores del Valle del Ebro de la universidad pública aragonesa ha identificado y catalogado más de 5.000 piezas entre herramientas líticas y restos de los animales, y atesora una cantidad similar de fragmentos de huesos y piedras para clasificar.

Raederas, puntas, piezas con el filo denticulado a modo de sierra y otras herramientas de sílex -procedente probablemente del afloramiento de este material en Sopeira, apenas siete kilómetros aguas arriba- o de cantos rodados del Noguera Ribagorzana de caliza o basalto, huesos de caballos, ciervos, cabras y grandes bóvidos -uros o bisontes- han sido localizados, entre otros elementos que han permitido reconstruir parcelas de la vida de sus habitantes, y que han e ofrecer todavía mucha más información.

«Nuestra intención es detener durante un par de años los trabajos de campo y estudiar el material arqueológico recuperado», ha explicado Rafael Domingo sobre los pasos a seguir tras estas excavaciones, ya que su actividad «implica mucho trabajo de laboratorio».

El asentamiento de Roca San Miguel -correspondiente al periodo Musteriense, el del Homo neandertalensis- , se ocupó temporalmente en varios periodos. «Tenemos varias fechas obtenidas mediante el estudio de la luminiscencia estimulada ópticamente de los sedimentos», ha continuado el arqueólogo oscense, recordando que «datan dos momentos de ocupación: uno hace unos 115.000 años, en un periodo cálido, interglacial, que conocemos como Estadio Isotópico Marino 5e, y otro hace unos 140.000 años, en un periodo glacial conocido como Riss o Estadio Isotópico Marino 6».

Allí, los neandertales cazaron y consumieron grandes animales, cuyos huesos -troceados para extraer su médula- utilizaban como combustible en sus hogueras en este último periodo. Allí también realizaron otras actividades cotidianas, como la fabricación de herramientas o la gestión de las pieles, en torno a potentes hogueras que se encendían sistemáticamente en el mismo lugar.

Los neandertales pudieron aprovechar ese cerro como punto de acecho para la fauna que recorría el valle, ha explicado Domingo, «dado que en ese lugar el río discurre por un estrechamiento, entre las peñas de San Miguel y Orrit», en un lugar situado, además, junto a la desembocadura de los barrancos de Sobrecastell y Orrit «que aseguraban el tránsito hacia otros cursos fluviales».

El yacimiento de Arén destaca entre los enclaves musterienes del noreste ibérico, junto a otro también del oriente de la provincia de Huesca, el de la cueva de Gabasa, en la comarca de La Litera, el único con restos humanos de esa especie en Aragón. Junto a ellos se han datado en fechas relativamente próximas, en el entorno de hace 100.000 años, una docena de asentamientos localizados entre las cuencas de los ríos Cinca y Segre, que permiten documentar bien la presencia y la actividad humana en este territorio.

Como en los últimos años, la financiación de los trabajos de campo (alojamiento y manutención del equipo de excavadores) se puede realizar gracias al convenio suscrito con la Diputación Provincial de Huesca, que ha dedicado desde 2017 hasta 30.000 euros a la investigación arqueológica en ese lugar.

En Ribagorza los arqueólogos de la Universidad de Zaragoza han excavado también otros yacimientos prehistóricos, más recientes, como los de Forcas, en el entorno de Graus (que como la cercana cueva Alonsé de Estadilla corresponden al hombre de cromañón, en el Paleolítico Superior) o algunos conjuntos megalíticos como los de la sierra de Sis.

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